La tele o la vida: ¿quién influye a quién?

Supongo que plantearse eso es, aparentemente, como hacerse la sempiterna pregunta de “¿qué fue antes: el huevo o la gallina?” porque —solo por seguir con el paralelismo—, si consideramos las series televisivas y las costumbres de la vida cotidiana como nuestra gallina y nuestro huevo particulares, generalmente llegamos al mismo círculo vicioso. Las escenas costumbristas de las series (en este caso, y sobre todo, norteamericanas) se copian de las costumbres cotidianas de la población norteamericana; sin embargo, y a su vez, estas escenas costumbristas de la televisión se instauran como hábitos en las acciones cotidianas de los espectadores norteamericanos y del resto de los países en los que se emiten, lista cada vez mayor gracias a la globalización.

Globalización —sí, señores—, ese término y movimiento que hace que este rizo se rice todavía más. Por la globalización se centralizan los Estados Unidos como potencia principal y todos los países que forman parte del movimiento son bombardeados con sus costumbres y, como consecuencia de la naturaleza del ser humano que le lleva a imitar lo que ve como modelo, reciben, aprenden y copian estas como si fuesen propias. No obstante, a causa de las políticas de inclusión internacionales y de lo políticamente correcto, los productores de las series norteamericanas estudian cada vez más las costumbres de la cultura de otros países para incluirlas en sus series y estas se acogen de nuevo en sus países de origen, a la vez que se extienden por otros países, porque vienen del “centro del mundo” (tal es el poder de los modelos conductuales).

Pongamos por ejemplo esta imagen de la serie policíaca Castle: en ella, los protagonistas disfrutan de un desayuno “típicamente americano” que, en términos turísticos, se considera desayuno continental. Sin embargo, en la vida cotidiana internacional —de acuerdo con el fragmento de diálogo correspondiente en el que Beckett dice: “Actually, my mom was an amazing cook. She used to make Sunday brunch, and I would get the choice between pancakes, omelets, waffles…”— este tipo de desayuno se adopta en muchos países como un brunch: término que procede de la contracción de breakfast y lunch y que designa un almuerzo, generalmente de domingo a media mañana, que se popularizó en la mayoría de los países de lo conocido como Primer Mundo por extensión de los almuerzos (brunch) de negocios típicos estadounidenses, que a su vez recibieron originalmente la costumbre del brunch de manos de los británicos en 1896.

Como se puede comprobar con este ejemplo concreto, muchas de las costumbres que se muestran en las series americanas, consideradas a menudo propias de los estadounidenses, son costumbres adoptadas de otros países (ya sea adoptadas e interiorizadas por la población o escogidas por la productora como muestras relevantes de culturas extranjeras). ¿Por qué, entonces, el país de origen no hace apología de su propia costumbre hasta que esta aparece reflejada en una serie originada en la “Potencia Central”? La respuesta, señores, está mencionada en el primer párrafo de esta misma entrada: GLOBALIZACIÓN. Por lo tanto, ¿influyen las series de televisión en la vida cotidiana o influye la vida cotidiana en las series? Ni lo uno ni lo otro: son las culturas, y más en este mundo globalizado, las que influyen sobre otras culturas (con grados diferentes de influjo y jerarquía) y estas influencias se plasman en las series.

Lucía Vega Martínez

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